ACTIVIDAD SEXUAL

ACTIVIDAD SEXUAL ENTRE JÓVENES EN JAMAICA

ACTIVIDAD SEXUAL ENTRE JÓVENES EN JAMAICA

Este informe del Allan Guttmacher Institute usa datos de 1.191 mujeres y 2.279 hombres entre 15 y 24 años de edad que fueron entrevistados en la Encuesta de Salud Reproductiva de Jamaica de 1997. Al momento de la encuesta, 2% de las mujeres y menos de 1% de los hombres eran casados. Quince por ciento de las mujeres y un 7% de los hombres jóvenes vivían en uniones consensuales, y 30% de hombres y mujeres se consideraban en alianzas. La mitad de los hombres y un cuarto de las mujeres trabajaban y cerca de un tercio de los hombres y las mujeres iban a la escuela.
· Las jóvenes sexualmente activas entrevistadas en 1997 habían tenido su primera relación sexual a los 15,9 años en promedio, mientras que en promedio los hombres jóvenes habían empezado a tener relaciones sexuales a los 13,4 años.
· La gran mayoría de las jóvenes (83%) informó que su primer compañero sexual había sido un enamorado, mientras que los jóvenes tenían una menor probabilidad de clasificar a su primera pareja sexual como una enamorada que como una amiga (38% y 48% respectivamente). Trece por ciento de los hombres jóvenes dijeron que su primera pareja era una conocida, comparado con un 2% de las mujeres jóvenes.
· De los entrevistados sexualmente experimentados que habían tenido una relación sexual tres meses antes de la encuesta, 97% de las jóvenes y 65% de los jóvenes habían tenido una sola pareja. Menos de 3% de las jóvenes habían tenido dos o más parejas, comparadas con un 35% de los jóvenes.
· Más de la mitad de las mujeres jóvenes (56%) y cerca de un tercio (31%) de los hombres jóvenes habían usado anticonceptivos durante la primera relación sexual.
· El uso de anticonceptivos por mujeres durante la primera relación sexual aumentó con la edad de iniciación sexual, de 41% en las menores de 14 años a 67% entre las mujeres de 18 a 24 años. Las proporciones correspondientes entre los hombres eran de 17% y 53% respectivamente. Los métodos más comúnmente usados fueron el condón (27% en mujeres y 61% en hombres) y la pastilla (27% en mujeres y 12% en hombres).
· Entre las mujeres que habían usado un condón durante la primera relación sexual, 64% dijeron que habían tomado la decisión con su pareja y un 18% declaró haber tomado la decisión sin su pareja o que su pareja había tomado la decisión sin consultarla. 42% de los hombres informaron que la decisión había sido tomada en pareja y 42% declaró haber tomado la decisión solo; 16% dijeron que su pareja había tomado la decisión.
· Las razones que dieron las mujeres por no haber usado un método anticonceptivo durante la primera relación sexual fueron (1) que no esperaban tener relaciones sexuales (47%) y (2) que no sabían de algún método (13%). Los hombres informaron que no sabían de algún método (33%) o que no esperaban tener relaciones sexuales (31%).

Acerca de la compleja sexualidad femenina

Acerca de la compleja sexualidad femenina

Fuente: PSICOLNET Newsletter No. 58 noviembre de 1999 AÑO II

BOSTON, EEUU (DEM)
Mientras los varones han encontrado en la Viagra la solución de las disfunciones eréctiles, no parece que las mujeres vayan a resolver sus frecuentes problemas sexuales con una píldora. No obstante, los investigadores tratan, con metodologías científicas, de conocer a fondo la sexualidad femenina.
A Irwin Goldstein, el padre de la Viagra, profesor de Urología de la Universidad de Boston (EEUU) y el hombre que más ha contribuido a definir los modernos conceptos sobre la disfunción eréctil, ya no le apasiona la impotencia, al menos, la que tiene que ver con los varones.
A Goldstein lo que científicamente le motiva hoy en día son las disfunciones sexuales femeninas. De hecho, él y un grupo de expertos procedentes de múltiples campos de la biociencia y la psicología están dispuestos a afrontar, con toda la metodología científica al alcance de este fin de milenio, uno de los problemas de salud más frecuentes que tienen las mujeres: la disfunción sexual.
Prueba de que sus esfuerzos están dando frutos ha sido la brillante reunión científica que se ha llevado a cabo el pasado fin de semana en Boston. Con una asistencia de 450 especialistas, Goldstein ha coordinado un encuentro de tres días en el que se han actualizado -de una forma exhaustiva- los problemas sexuales que sufren las mujeres, que son muchos.
Es la primera vez que se reúnen para hablar de lo mismo un número importante de psicólogos urólogos, ginecólogos, médicos de familia, psiquiatras, neurólogos y sociólogos, todos interesados en conseguir un consenso adecuado sobre cuáles son las razones que hacen de la disfunción sexual un problema tan frecuente en las mujeres y cómo se debe abordar su tratamiento. Es la primera vez que se impone de una forma tan clara la necesidad de conseguir la mejor de las metodologías científicas que exploren los problemas sexuales y que ayuden a buscar soluciones para ellos.

¿Cuáles son los problemas?
Lo primero que hay que hacer para enfrentarse a una patología, cualquiera que sea, es definirla y clasificarla. Aunque las disfunciones sexuales femeninas (DSF) están bien abordadas en el DSM-IV -el manual de clasificación de enfermedades psiquiátricas que impera en buena parte del mundo-, los nuevos pioneros del estudio de las DSF creen que se puede mejorar su clasificación. Sandra Leibum, psicóloga de la Facultad de Medicina Rober Wood Johnson (EEUU) puso al día el consenso actual para, manteniendo las misma estructura básica del DSM-IV en lo que se refiere a las DSF, mejorarla.

– Trastornos del deseo sexual
El deseo hipoactivo: es la deficiencia persistente o recurrente (o la ausencia, incluso) de fantasías sexuales o del deseo de actividad sexual. Condición añadida a este problema, como a otros muchos, es que la falta de deseo preocupe seriamente a la mujer.
Aversión sexual: la fobia persistente o recurrente que conlleva evitar todo contacto sexual con un compañero.

– Trastornos que afectan a la excitación femenina.
Es un problema de difícil definición que consiste en la incapacidad permanente o recurrente para conseguir o mantener la excitación. El dato que mejor define este trastorno es la incapacidad de lubricación de la vagina y la dificultad que esta carencia añade a la penetración del pene.

-Trastornos del orgasmo.
La dificultad de conseguirlo, incluso a pesar de que se ha alcanzado un nivel elevado de excitación sexual.

– Dolores.
Dispareunia: el dolor genital provocado por la penetración.
Vaginismo: el espasmo involuntario de la musculatura del tercio externo de la vagina que interfiere con la penetración.
El dolor genital que no está relacionado con la penetración sino con otro tipo de estímulos sexuales.

«En cualquier caso, hay que ser conscientes de que las mujeres no se quejan tan sólo de falta de respuesta genital», insistió Sandra Leibrum, «lo que más echan en falta es la ausencia de pasión, de amor, de romance y, en general, de placer sensual. La sexualidad femenina tiene mucho más que ver con el contexto que la masculina y ser determinantes a la hora de etiquetar disfunciones sin conocer a fondo los problemas interpersonales puede conducir a interpretaciones erróneas».

¿Cuál es la respuesta sexual?
De la misma manera que la excitación sexual en los varones conduce a la erección, en las mujeres el deseo y la estimulación conlleva cambios en su fisiología genital. «Los labios mayores, los menores, el clítoris, el glande periuretral, la uretra, el punto G, quizá el cuello del útero, y el músculo pubo coxígeo son algunos de los muchos puntos erógenos que tiene una mujer», afirmó en su explicación sobre la fisiología femenina Roy Levin, del Departamento de Ciencias Médicas de la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido.
El simple deseo, la atracción y, por supuesto, la estimulación de algunos de estos puntos activan las abundantes terminaciones nerviosas que hay a esos niveles y el cerebro se inunda de señales sexuales.
Como respuesta a estos estímulos, el sistema nervioso prepara a los órganos sexuales para una penetración fácil y placentera que culmine al final en un orgasmo. El corazón aumenta los latidos, se eleva la tensión arterial y la sangre congestiona la vagina, el útero y el clítoris dando la sensación de que toda la pelvis está llena. Una congestión que dilata las arterias, probablemente constriñe las venas y provoca un trasudado que aumenta la lubricación de la vagina y facilita el rozamiento del pene en su interior.
Según Levin, «existen, incluso, cambios vaginales y uterinos encaminados a facilitar el ascenso de los espermatozoides hacia el interior de la matriz, tras la eyaculación». Cuanto mayor es la estimulación física y genital, mayor es la vasocongestión genital y más aumenta el deseo de su resolución a través del orgasmo.

¿Se puede medir la excitación?
Al menos eso está tratando el grupo de investigadores que dirige Irwin Goldstein. En la octava planta del Boston Hospital hay un laboratorio singular. Basado en los datos que mejor se conocen sobre la fisiología de la respuesta sexual femenina, los colaboradores de Goldstein estudian a un grupo de mujeres que se quejan de falta de excitación sexual. También en ese laboratorio, que dirige la doctora Jennifer Berman, se investiga en voluntarias sanas los cambios fisiológicos que provoca la excitación sexual.
Ver una diapositiva de cómo se trabaja en ese cuarto es todo un espectáculo. La mujer recostada en una camilla confortable con un casco de realidad virtual en su cabeza. Aislada del entorno, el casco hace llegar a la paciente un vídeo pornográfico de una gran calidad, de acuerdo con los expertos.
Colocada al lado de la cama, una investigadora introduce en la vagina de la fémina una especie de falo que servirá para medir la vasocongestión de la vagina. También le medirán, mediante un eco-doppler, los cambios de la vasculatura del clítoris comprobando hasta dónde la excitación sexual eleva el flujo de este órgano tan sensible de las mujeres.

¿Para qué se mide la excitación?
Muchos de los que impulsan el conseguir el mayor número de datos objetivos sobre la disfunción sexual de las mujeres lo hacen pensando en la Viagra. Puesto que la prevalencia de la disfunción sexual femenina es, en casi todos los países, mayor que la de los hombres, encontrar un tratamiento médico que baje esas cifras sería un hito para cualquier industria que se dedica a los medicamentos. Sin embargo, desde hace mucho tiempo ningún nuevo producto de farmacia o indicación para un fármaco viejo se autoriza si no hay datos detrás. Y de la misma forma que la Viagra se puso en el mercado con la demostración frente a un placebo de que el medicamento era eficaz, cualquier nuevo producto contra la disfunción sexual femenina deberá autorizarse tras analizar parámetros en los que no haya sesgo.

¿Servirá la Viagra a las mujeres?
Probablemente no. El equipo de Goldstein ha investigado a fondo los efectos del sildenafilo y tiene algunos datos prometedores. Sin embargo, son estudios abiertos, de muy pocas pacientes y utilizando parámetros subjetivos poco reproducibles. «Los ensayos controlados que hay con la Viagra y mujeres y que se presentarán dentro de poco en la reunión de la American Society of Obstetric & Gynecology no son alentadores», aseguró en su charla sobre fármacos vasoactivos y disfunción sexual el doctor Raymond Rosen, uno de los máximos expertos mundiales en el tema.

¿Qué fármacos usar entonces?
De momento, lo que sí está indicado en las disfunciones sexuales de las mujeres menopáusicas es la terapia hormonal sustitutoria. Sin el concurso de los estrógenos y la progesterona no hay forma de paliar los trastornos de la excitación sexual que puedan presentarse. Aún no se ha definido el papel de la testosterona o de la DHEA para elevar la libido. Lo que sí se sabe es que esa hormona, típicamente masculina, puede tener un papel importante en la sexualidad de las mujeres y que se necesitarán más estudios para definir si habrá que usarla o no en el futuro.

¿Y la psicoterapia?
No sólo no debe relegarse, empujada por la actual corriente biologicista, sino que habría que potenciarla más. La psicoterapia ha demostrado su valor en los trastornos orgásmicos y puede ser de utilidad en muchos otros. La sexualidad femenina es mucho más complicada que la de los varones y nadie serio puede negar la trascendencia de los procesos psicológicos en la mayoría de las quejas sexuales femeninas. Lo mejor es la combinación multidisciplinaria rigurosa de lo físico – químico y psicológico.
Viagra: satisfechos ellos pero, ¿y ellas?
El sildenafilo es uno de los grandes avances farmacéuticos de los últimos años. La Viagra ha devuelto la potencia a una buena parte de los varones con disfunción eréctil y está, al parecer, mejorando espectacularmente las dotes de aquellos que no son en realidad impotentes. En todas las encuestas, la Viagra ha conseguido satisfacer a una gran mayoría de aquellos que la usan. Sin embargo, ¿ha servido este fármaco para mejorar la vida sexual de las mujeres de la misma manera que la de sus compañeros con disfunción eréctil?
Hay datos que indican que el producto no ha logrado entre las mujeres la misma aceptación. En una encuesta realizada en un gran hospital de Milán (Italia) entre las compañeras de varones tratados con la Viagra el grado de satisfacción no fue muy elevado. En el 29% de los casos, las mujeres consideraron no estar satisfechas con los buenos resultados que mostraban sus maridos Casualmente, el 75% de las mujeres que no reconocían valor a la Viagra manifestaron tener algún tipo de disfunción sexual. De acuerdo con uno de los autores del trabajo, el doctor Francesco Montorsi, en Italia es muy poco frecuente que los hombres presenten a un especialista un problema de impotencia acompañados de su pareja estable. Lo mismo pasa, al parecer, en España. Los expertos creen que la función sexual de las mujeres de los afectados de disfunción eréctil debería investigarse.

Denuncias feministas
Una información publicada por la BBC, titula que la Viagra para mujeres será una realidad en tres años. La BBC cita la reunión de Boston como fuente y pone en boca de Laura Berman, una de las colaboradoras de Goldstein, declaraciones que corroboran el titular.
La noticia no se ajusta a la realidad de lo que ocurrió en esa reunión científica. Precisamente esta publicidad errónea es lo que muchas feministas de prestigio en EEUU temían que ocurriera. Tanto en Angeles Times como en el Boston Globe se han publicado artículos muy duros denunciando que lo que Goldstein y los laboratorios que lo apoyan quieren hacer es medicalizar la sexualidad de las mujeres.
Leonore Tiefe, una veterana psicóloga especialista en disfunciones sexuales femeninas, fue especialmente contundente en la conferencia que pronunció. «Veo mucha urología, mucha ginecología, farmacología, psiquiatría y geriatría en esta reunión. Echo de menos a la sociología, a la antropología médica, a la historia de la medicina y a los estudios étnicos. Creo que lo único que se pretende en esta conferencia es promover la medicalización de los problemas sexuales femeninos, para así establecer normas universales y decidir cuáles son los problemas y cómo hay que tratarlos con fármacos».
De forma similar, quizá algo más suave, se expresó John Bancroft, director en la Universidad de Indiana del Kinsey Institute (EEUU) para la investigación del sexo y de la reproducción. Bancroft insistió en que las dificultades sexuales femeninas no están centradas, como pasa en los varones, en la fisiología y, consecuentemente, en los problemas del tejido eréctil o del orgasmo. El científico recalcó que las mujeres pretenden disfrutar del sexo de una manera diferente y que buscan mejorar aspectos subjetivos de la relación sexual y no sólo la fisiología de la misma.
En cualquier caso una cosa sí es cierta: Irwin Goldstein está abierto a todas las opiniones y eso siempre es muy valorable.

ACTIVIDAD SEXUAL DURANTE EL EMBARAZO

ACTIVIDAD SEXUAL DURANTE EL EMBARAZO

Autores: Oruç S, Esen A, Laçin S y colaboradores.

El embarazo es una situación compleja de estrés psicológico durante la vida de una mujer y su familia. Existe, por lo general, preocupación en relación con la salud de la madre y del niño y se efectúan ajustes en la familia en relación con la espe ra de un nuevo integrante. Este estrés físico y emocional parecería influir en la sexualidad y en las actitudes relacionadas. Los autores recuerdan que muchas mujeres experimentan trastornos sexuales durante la gestación y muchos estudios han referido una falta de deseo sexual, y disminución de la frecuencia de relaciones sexuales y de la satisfacción sexual durante el embarazo. Estudios anteriores refieren un aumento del deseo sexual durante el segundo trimestre del embarazo y u n descenso en el último período de la gestación, más marcado en el tercer trimestre.

Con estos antecedentes, los autores decidieron analizar los cambios en el comportamiento sexual que ocurren durante la gestación. Se incluyeron 158 mujeres asistidas, en forma ambulatoria, en alguno de los 6 centros de salud de Manisa, entre mayo y junio de 1997. Las participantes respondieron un cuestionario sobre variables sociodemográficas y comportamiento sexual.

La edad promedio de las mujeres incluidas en la investigación fue de 25 años, con un rango de 15 a 40 años. Todas las mujeres que participaron estaban casadas y todas se refirieron a sí mismas como musulmanas. Sólo el 30% de ellas estaba empleada. La frecuencia promedio de relaciones sexuales fue de 12.4 por mes antes del embarazo y disminuyó a 6.6 por mes durante la gestación. La frecuencia disminuyó a medida que se avanzó en el embarazo desde una frecuencia mensual de 8.09, 7.21 y 5.29 en el primero, segundo y tercer trimestre, respectivamente (p = 0.01).

La edad, nivel de educación, tiempo de casada, residencia, empleo, número de abortos y número de nacimientos no influyeron en la frecuencia de relaciones sexuales durante la gestación. Tampoco influyó la edad o el nivel educativo del marido. Sin embargo, los autores encontraron que la dispareunia y la calidad del orgasmo afectaron, en forma significativa, la frecuencia de las relaciones sexuales (p = 0.001).

El deseo sexual disminuyó, durante la gestación, en el 39.2% de las mujeres, aumentó en el 4.4% y no se modificó en el 56.3% de los casos. El deseo sexual de los esposos disminuyó en el 15.2%, aumentó en el 8.8% y no se modificó en el 75.1% de los participantes. Las variables analizadas no influyeron en este parámetro. Sin embargo, la mayor edad en las mujeres y la mayor duración del embarazo, en varones, se asociaron con disminución del deseo sexual, en forma independiente de la gestación.

Los autores encontraron que el 24.5% de las mujeres evitaron todo tipo de relación sexual durante todo el tiempo de la gestación, el 49.1% evitó el contacto algunas veces y el 26.4% refirió no evitarlo en ninguna circunstancia. Si bien los autores no obs ervaron influencia significativa de ninguna de las variables consideradas, a medida que aumentó la duración de la gestación el índice de evitación también aumentó.

Las principales razones establecidas para esta conducta fueron el temor a dañar al bebé, el temor a que las relaciones sexuales fueran causa de aborto, a la disminución del deseo sexual y a la presencia de dificultades físicas, según refirieron las participantes.

Cuando los autores compararon la calidad del orgasmo antes y después del embarazo, 21.5% mostraron declinación intensa, 31.6%, leve declinación y 46.8%, ausencia de diferencia. Las variables consideradas al analizar otros aspectos de la actividad sexual no influyeron en este aspecto aunque se observó que, a medida que el embarazo progresaba, la calidad orgásmica disminuyó. Las mujeres refirieron significativamente menor descenso en la calidad orgásmica durante el primer trimestre del embarazo en comparación con los dos últimos trimestres (p = 0.003) y aunque se o bservaron diferencias entre el segundo y tercer trimestre no fueron significativas.

El 25.9% de las mujeres refirió dispareunia en todos los episodios de contacto sexual después de quedar embarazadas, el 36% presentó este síntoma a veces y el 37.9% no refirió dispareunia en absoluto. Las variables analizadas no influyeron en la aparición de este síntoma. Las mujeres presentaron durante el primer trimestre, significativamente, menor incidencia de dispareunia en relación con los dos últimos trimestres del embarazo (p = 0.001). El 23.2% de las mujeres refirió tener conocimiento suficiente sobre la sexualidad durante el embarazo, el 41.3% refirió escaso conocimiento y el 35.5% refirió no saber nada en absoluto sobre la sexualidad durante la gestación. Sin embargo, este aspecto se vio significativamente influido por el nivel educativo de la mujer (p = 0.0009) y de su esposo (p = 0.004), así como también por la presencia de empleo en las mujeres (p = 0.0004). Sin embargo, los autores encontraron que el conocimiento acerc a de la sexualidad durante la gestación no influyó en la frecuencia de las relaciones sexuales, en el deseo sexual y en la evitación del contacto sexual durante la gestación.

En opinión de los expertos, la religión y el nivel cultural pueden haber sido factores que influyeron en los resultados que se observaron en esta población de parejas musulmanas.

La demostración de que la frecuencia coital y de que las respuestas orgásmicas se modificaron durante el embarazo deberían, en opinión de los expertos, recibir mayor atención debido a que la gestación fue, en sí misma, un factor de profunda influencia en la actividad sexual, independientemente de variables individuales de educación, edad y demás aspectos considerados en la valoración.